Nos llamaron de una tienda porque «el amplificador se apaga solo cuando subimos el volumen». En la trastienda encontramos la escena del crimen: veinte parlantes de cielo de 8 Ω, todos en paralelo, colgando de un amplificador HiFi doméstico. Veinte cargas de 8 Ω en paralelo son 0,4 Ω — para el amplificador eso no es un sistema de audio, es un cortocircuito con música de fondo. El equipo hacía lo único sensato (entrar en protección) justo en hora punta. La solución no era un amplificador más grande: era cambiar de filosofía. Bienvenido a la línea de 70 V.
El problema: los ohms no suman, dividen
En paralelo, la impedancia total es la de un parlante dividida por la cantidad: 8 Ω ÷ 20 = 0,4 Ω. Un amplificador típico tolera hasta 4 Ω; a 0,4 Ω la corriente se dispara y la etapa de salida levanta bandera blanca. Podrías armar combinaciones serie-paralelo para subir la impedancia — y para dos o cuatro parlantes de una sala de reuniones funciona perfecto; la calculadora de impedancia de parlantes te hace esa gimnasia. Pero para veinte parlantes repartidos en una tienda es un castigo: cada parlante que agregas o quitas cambia la cuenta completa, y la potencia se reparte pareja aunque el pasillo 3 necesite el doble que la caja.
Hay un segundo problema más silencioso: a baja impedancia, mover 200 W exige 22,4 A por el cable. Eso pide conductor grueso, y en tiradas largas el cable se come una parte vergonzosa de la potencia. Veinte parlantes implican fácilmente 100 o 200 metros de cable. Mal negocio.
La línea de 70 V: piensa como la compañía eléctrica
La red eléctrica resolvió esto hace un siglo: transmitir a alta tensión y baja corriente, y bajar el voltaje con un transformador en cada casa. El audio comercial copió el truco tal cual. El amplificador publica una línea de tensión constante de 70 V, y cada parlante se cuelga de ella a través de un pequeño transformador con selector de taps: una perilla que dice cuántos watts toma ese parlante — 5, 10, 30 W — sin preguntarle nada al resto.
Las consecuencias son deliciosas. Todos los parlantes van en paralelo sobre un solo cable en cadena, y la impedancia deja de ser tu problema: mientras la suma de taps no supere la potencia del amplificador, la línea está sana. Con 200 W a 70 V circulan apenas 2,86 A (contra los 22,4 A del enfoque de baja impedancia), así que el cable puede ser delgado y largo. Y cada zona ajusta su volumen relativo girando su tap: bodega fuerte, probadores suave, sin tocar el amplificador.
La cuenta completa: una suma de almacén
Aquí viene lo mejor: dimensionar una línea de 70 V no requiere álgebra de circuitos. Es literalmente sumar watts, como quien suma recibos. El caso de la tienda, paso a paso:
- Suma los taps. 20 parlantes, cada uno con el tap en 10 W: 20 × 10 W = 200 W. Esa es toda la carga que verá el amplificador.
- Deja holgura. Un amplificador trabajando al 100 % vive poco y suena peor. Suma un 20 %: 200 × 1,2 = 240 W. El escalón comercial siguiente es un amplificador de 250 W. Ese compras.
- Verifica la impedancia mínima. Aunque la línea de 70 V te libera de pensar en ohms, el amplificador igual ve una impedancia: Z = V² / P = 70² / 200 = 4900 / 200 = 24,5 Ω. Si mides la línea instalada con un medidor de impedancia y te da menos que eso, hay taps de más (o un parlante conectado sin transformador) colgando del cable.
- Dimensiona el cable con la corriente real. I = P / V = 200 / 70 = 2,86 A. Un conductor de 1,5 mm² lleva esa corriente sin esfuerzo — compáralo con los 22,4 A del mismo sistema en baja impedancia.
- Disfruta la escalabilidad. ¿Mañana piden un parlante en el pasillo nuevo? Lo cuelgas del cable, fijas su tap y sumas: 210 W. Mientras la suma quepa en el amplificador con su holgura, no recalculas nada más. La calculadora de línea 70V lleva la suma, la Z y el headroom por ti.
Los taps disponibles vienen impresos en el selector del parlante, y cada tap equivale a una impedancia fija sobre la línea (Z = 4900/P a 70 V):
| Tap | Z sobre línea 70 V | Caben en 250 W (200 W útiles) | Uso típico |
|---|---|---|---|
| 1 W | 4.900 Ω | 200 | música de fondo muy suave, pasillos |
| 2 W | 2.450 Ω | 100 | oficinas, salas de espera |
| 5 W | 980 Ω | 40 | retail estándar, restaurante |
| 10 W | 490 Ω | 20 | tienda con ruido, gimnasio |
| 15 W | 326,7 Ω | 13 | avisos sobre bullicio |
| 30 W | 163,3 Ω | 6 | bodega, horn de patio industrial |
SPL: cuánto llega al oído
Ya sabes cuántos watts toma cada parlante. La pregunta del cliente es otra: ¿se va a escuchar? Para responderla necesitas dos datos del datasheet y una regla de la física.
El dato uno es la sensibilidad: cuántos dB SPL produce el parlante con 1 W medido a 1 m (típico: 86 a 95 dB). El dato dos es la potencia del tap. Y la regla de la física es la ley del inverso del cuadrado: cada vez que doblas la distancia, pierdes 6 dB. La fórmula completa cabe en una línea:
SPL = sensibilidad + 10·log₁₀(W) − 20·log₁₀(d)
Ejemplo real: un horn de bodega con sensibilidad de 90 dB y el tap en 30 W, con el oyente a 8 m: 90 + 10·log₁₀(30) − 20·log₁₀(8) = 90 + 14,77 − 18,06 = 86,7 dB. ¿Y eso alcanza? Una bodega con grúas ronda los 70-75 dB de ruido ambiente, y para que un aviso se entienda necesitas estar unos 10-15 dB por encima: 86,7 dB pasa la prueba, justo pero pasa. La calculadora de SPL hace esta cuenta en ambos sentidos: te dice cuánto llega, o qué potencia necesitas para un objetivo de dB.
Dos trampas de los decibeles antes de seguir. Doblar la potencia solo suma 3 dB — apenas perceptible. Y para que algo suene «el doble de fuerte» al oído necesitas +10 dB, o sea diez veces la potencia. Por eso el camino barato a más nivel casi nunca es un amplificador más grande: es un parlante más sensible o, mejor, más parlantes bien repartidos. Lo que nos lleva al cielo.
Cobertura de cielo: círculos que se tocan
Un parlante de cielo no ilumina la sala entera: pinta un círculo de sonido a la altura de las orejas, como una ducha pinta un círculo de agua en el piso. Fuera del círculo, el nivel y la claridad caen rápido. El diseño de cobertura es entonces un problema de geometría: repartir círculos hasta cubrir la planta.
Para el parlante de cielo típico con dispersión de 90°, la regla es un regalo: el radio del círculo a la altura de la oreja es igual a la distancia entre el cielo y la oreja (tan 45° = 1, la trigonometría más amable del rubro). Con cielo a 3,0 m y oyentes sentados (orejas a 1,2 m): r = 3,0 − 1,2 = 1,8 m. Para música de fondo y avisos generales basta que los círculos se toquen borde con borde: un parlante cada 2 × r = 3,6 m. ¿Público de pie? Orejas a 1,5 m, radio 1,5 m, parlantes cada 3 m. ¿Inteligibilidad crítica (mensajes de evacuación)? Traslapa los círculos: separación de r·√2 ≈ 2,5 m.
Fíjate en el detalle contraintuitivo: con cielos más altos el círculo crece y necesitas menos parlantes por metro cuadrado — pero cada uno necesita más tap para compensar la distancia extra hasta la oreja (la escalera de −6 dB no perdona). La geometría y el SPL se calculan juntos, nunca por separado.
Delay: el sonido llega tarde a todas partes
El sonido viaja a c = 331,3 + 0,606·T m/s — a 20 °C, unos 343,4 m/s. En términos de terreno: casi 3 ms por metro (2,912 ms exactos). La luz de tus VLANs no espera a nadie; el sonido, en cambio, llega tarde a todas partes, y en salas grandes esa tardanza se escucha.
Caso típico: un escenario con sus parlantes principales y una fila de refuerzo bajo el mezzanine, 10 m más atrás. Para el público del fondo, el refuerzo (que está al lado) suena antes que el escenario: dos llegadas separadas, sonido emborronado, y si la diferencia crece, eco declarado. La solución es elegante: retrasar electrónicamente los parlantes cercanos para que su audio salga cuando el del escenario va llegando. Los 10 m de diferencia son 10 ÷ 343,42 = 29,1 ms de retardo, que a 48 kHz son 1.398 muestras — el DSP trabaja en muestras enteras, por eso el número feo. La calculadora de retardo de audio convierte metros a ms y muestras, con la temperatura incluida.
Dante y AES67: el audio se toma la red
Queda el último tramo: mover el audio entre la consola, la matriz y los amplificadores. El multipar de cobre de 40 kg cedió su trono a un cable de red: Dante (y su estándar de interoperabilidad AES67) transporta audio sin comprimir por Ethernet común. La cuenta es tranquilizadora: un canal a 48 kHz y 24 bits pesa 48.000 × 24 = 1,152 Mbps de audio puro — con cabeceras IP queda bajo 1,5 Mbps — así que 64 canales son unos 74 Mbps y un enlace gigabit lleva cientos de canales sin transpirar; la calculadora de audio sobre IP te da el número exacto con overhead. La latencia típica de red es 1 ms — menos de lo que el sonido tarda en cruzar 34 cm de aire — o sea, mover el audio 100 m por fibra cuesta menos que moverlo del parlante a tu hombro.
El precio de la elegancia es disciplina de red: VLAN dedicada para el audio, QoS por DSCP respetada en cada switch (el reloj PTP manda), y nada de WiFi en la ruta de los canales. Dante ya marca su tráfico por sí solo; tu tarea es que los switches no lo traten como un torrent más:
PTP (reloj) → DSCP 56 (CS7) → cola de máxima prioridad Audio → DSCP 46 (EF) → cola alta Control → DSCP 8 (CS1) → normal Resto → DSCP 0 (BE) → best effort
La próxima vez que te pidan sonorizar un local, ya tienes la receta completa: suma taps y holgura en la calculadora de línea 70V, comprueba con la de SPL que el aviso le gane al ruido, reparte los círculos en el cielo y dale al audio en red su VLAN con QoS. El amplificador vivirá años y el cliente no notará nada — que en audio comercial es exactamente la meta.